MICROCUENTO REAL 
En 1989 se aprobaron las obras de construcción de lo que hoy es Calle Sol Arganda.
Sobre un campo de malvas de 14.000 m2, en el entonces incipiente polígono industrial de Arganda del Rey; se desarrolló el proyecto de urbanización de una amplia calle central flanqueada por dos hileras de 28 naves industriales adosadas.
Con una salvedad: Había que respetar los árboles de cabecera, que bordeaban la carretera Nacional III a su paso, entonces, por el centro del pequeño pueblo de Arganda.
Con un problema: Un pino quedaba justo en medio de la proyectada calzada. Y la concejalía de medio ambiente se oponía a su tala. Ni siquiera se autorizaba su trasplante.
Con un resultado: Al terminar las obras, allí, en medio de la calzada, quedó el pino. Aislado y rodeado de asfalto.
El ayuntamiento consentía que se le utilizara como soporte de los carteles publicitarios de las tiendas que empezaban a abrirse en las naves.
Pero, bajo ningún concepto, autorizaba su eliminación en aras de la salvaguardia medioambiental de la flora autóctona.
Esta aberración urbanística provocó graves problemas de seguridad vial.
Y tensos problemas de competencias entre el ministerio de obras públicas y la concejalía municipal de medio ambiente, con el apoyo de grupos ecologistas bajo la consigna «salvemos al pino de calle sol».
Y los incidentes de tráfico se sucedían con sobresaltos de los conductores que circulaban por la carretera nacional en su confluencia con la entonces calle del Sol.
La situación era límite.
Hasta que alguien planteó una solución criminal:
El «pinocidio»; la clandestina inyección eutanásica de una bacteria fitopatógena en las raíces del pino, que lo conduciría rápidamente a un final letal.
Pero tan drástica solución no fue necesaria.
Una mañana; un gran tráiler portugués, maniobrando torpemente para entrar en la calle, fortuitamente truncó el tronco del controvertido pino.
(Nota para mal pensantes: Obsérvese que he utilizado el término fortuitamente sin «entre comillas». Porque la colisión fue accidental. O, al menos «sin queriendo»).
Y el pino desapareció de la circulación.
Esto que hoy os cuento no es un cuento.
Es una historia real.
Ecológicamente irreparable.
Urbanísticamente inevitable.
Como testimonio probatorio;
Una foto de 1990.
Con el famoso pino ahí plantado en medio,
justo en medio, de Calle Sol Arganda.
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